La política se ha transformado, en buena medida, en binaria. O al menos algunos quieren que se transforme en eso. Promover una forma de pensar donde si no estás de un lado, indefectiblemente estás del otro, cargando cada una de las posturas opuestas de un juicio de valor, es, además de asombrosamente aburrido, lejano de cualquier realidad y absolutamente irresponsable.

¿Acaso no se puede discrepar con una idea de un candidato no frenteamplista o coincidir con un partido que no es el tuyo?

No ir a votar en el pre – referéndum del 4 de agosto y estar de acuerdo con la ley integral para personas trans, no te hace un defensor de la “injusticia permanente que promueve el Frente Amplio” y de “dar dinero para que esas personas los terminen votando”, como dicen algunos.

Expresar que estás en desacuerdo con un candidato a Presidente que dice que un trabajador uruguayo debe tener prioridad en el mercado laboral frente a un inmigrante, aludiendo a la existencia de ciertos privilegios para éste último; o que dice que el aborto legal se utiliza como método anticonceptivo, no te convierte en “funcional al Frente Amplio” y promotor de su continuidad en el gobierno.

Pensar en forma binaria es desconocer la historia. Detrás de la profunda reforma del colegiado se alinearon el Partido Nacional y los colorados riveristas frente a los colorados batllistas; el debate por la reforma de las empresas públicas encontró en cierto momento alineados al Foro Batllista, a la Cruzada 94, a Alberto Zumarán y al Frente Amplio frente a los herreristas y al gobierno de turno.

Más recientemente, basta sólo analizar los profundos debates parlamentarios en ocasión de las leyes de presupuesto y de rendición de cuentas -qué dicen dónde van a parar cada uno de los pesos de los impuestos que pagamos-, para sorprenderse de quién vota con quién. Y sí… a veces el Partido Colorado está de acuerdo con el MPP, otras veces coincide con el Partido Nacional y en ocasiones no acordamos con nadie y presentamos nuestros propios cambios a las leyes. 

Pensar en forma binaria es desconocer en esencia cómo funcionan la política y los partidos políticos.

Si a esto se le agrega que la profundidad de los debates de ideas se sustenta en titulares, y que el vertiginoso mundo del “Me gusta”, “Me encanta”, “Me enoja”, “Compartir” y “Retwittear” fomenta el nulo análisis de lo que hay detrás de una frase, entonces estamos condenados a reproducir lo binario. Agravado por la información falsa que se elige compartir, en muchas ocasiones de forma deliberada.

En realidad lo anterior es bastante superable. Bastará que los que creemos en otro tipo de forma de hacer política, la hagamos e invitemos a otros a sumarse. De eso se trata.

Lo que es más difícil de zanjar, y que lo mencioné al principio, es lo binario cargado de juicios de valor. Cuando ya se escucha “acá están los buenos; allá están los malos” la intolerancia avanza y la democracia se lastima. Las mentes binarias son autoritarias. Es exactamente lo que fomenta una candidata si te dice que va “a defender lo logrado y comprometernos a pelear esta batalla, que será la madre de las batallas: entre la oligarquía y el pueblo«. Ese mundo binario que promovieron los populismos de la década del 40 y 50, las dictaduras y promueven las autocracias y populismos también de hoy.

En su discurso en la Universidad de Michigan en mayo de 2010, Barack Obama dijo: «Si usted es alguien que lee normalmente los editoriales de The New York Times, trate de leer de vez en cuando los editoriales de The Wall Street Journal. Quizá le hagan hervir la sangre, quizá no le cambien su forma de pensar, pero la práctica de escuchar los puntos de vista opuestos es esencial para ser un verdadero ciudadano«.

Póngale cada uno a esta frase de Obama el nombre del medio de prensa uruguayo que le  guste, o imagine que cada periódico son personas de su familia, de su trabajo o de su grupo de amigos. Tenemos que leer muchos diarios, escuchar muchas radios, leer muchos portales y conversar con muchas personas.

Esto no significa que tenemos que ser tibios a la hora de defender nuestras ideas y convicciones. ¡Justamente implica lo contrario! De otra forma caemos en lo binario de nuevo. Significa que si no lo hacemos, no tendremos oportunidad de reafirmar lo que pensamos o de cambiar de opinión. Porque es mentira que nosotros somos siempre los mismos. Y la prueba es que las elecciones no las gana siempre el mismo partido político.

Nosotros vamos por la política del debate con argumentos, que no construye irreconciliables y en la que se tiene el coraje de decir lo que se piensa. Porque es la única manera de llegar bien lejos. La única forma de ganar una elección.