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El Almendro

Hoy me enteré que «El Almendro» cerrará. En realidad yo ni siquiera sabía qué era El Almendro, pero leyendo la noticia me enteré: es un programa que funcionaba en la cárcel de Santiago Vázquez (ex Comcar) donde 400 presos podían participar de 14 talleres con variadas temáticas: inglés, portugués, electricidad, artesanías, teatro, peluquería, jardinería, huerta, artes plásticas, informática, etc.

Por lo que dice el periódico el cierre se debe a que no se pudieron conseguir fondos ($50.000 por mes) ni en el Ministerio del Interior, ni en el de Desarrollo Social y tampoco en el de Educación y Cultura. Y eso que todos los profesores eran honorarios y los fondos son sólo para cubrir los gastos de viáticos (el transporte de los docentes) y materiales.

Por supuesto que los reclusos no tomaron nada a bien la medida, ya que estaban comprometidos con el centro cultural y son conscientes que no tienen muchas alternativas para reinsertarse aprendiendo distintos oficios, generar hábitos de trabajo y de estudio.

Aparentemente las negociaciones siguen con el MINTER para que el cierre no se haga definitivo y también está la posibilidad de que algún privado done el dinero, pero el hecho de que por el momento no haya una solución me parece una injusticia y me llena de tristeza.

Considero que no nos podemos quejar de la inseguridad ni del evidente espiral de violencia que está viviendo el país si no atacamos los problemas de raíz y si los corremos de atrás. Si nuestras cárceles no garantizan la inserción en la sociedad no nos podemos quejar de los reincidentes.

Pienso firmemente que para terminar con la inseguridad hay que mejorar mucho los infiernos humanos a los que son enviados los infractores.

Está muy de moda pedir mano dura. ¿Qué es mano dura? Para mí sería que la policía sea efectiva (hoy resuelve 1 de cada 10 delitos) y que el sistema judicial funcione (hoy a 4 personas de cada 10 se las procesa, se las juzga y se las condena).

Sin embargo para otras personas “mano dura” se traduce en penas más severas. Supongamos que funciona: somos efectivos en atrapar, procesar, juzgar y las penas son severas. Si eso fuera así atraparíamos a todos para meterlos durante muchos años en nuestras cárceles que son escuelas del crimen, donde salen más conectados con las redes criminales y más violentos porque fueron tratados como animales.

¿Somos conscientes de que la mano dura es inviable si no somos capaces de dignificar nuestro sistema de reclusión? Lo único que va a hacer es potenciar la violencia apenas salgan.

Esto es una fábrica que no para y en las propias cárceles estamos fabricando delincuentes más violentos, más agresivos, que tienen menos valor por la vida porque ahí los mandamos iniciando muchas veces un camino no solamente de violencia, sino de deterioro personal, de sus propias familias y de quienes los rodean.  

Ojalá que no se efectivice el cierre de El Almendro y que seamos un país civilizado donde todos los ciudadanos por el solo hecho de serlo tiene derecho a una vida digna. Ojalá que como país no le demos la espalda a una realidad que no queremos mirar.

Hector Cotelo