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El desafío de educar

Cuando crezcan, los niños que hoy están en la escuela van a trabajar en cosas que aún no se han inventado.Actualmente, existen empleos para los que no hubo formación cuando muchos de nosotros ingresamos al liceo 25 años atrás: especialista en big data, desarrollador de aplicaciones o profesional de salud medioambiental, por ejemplo. Sólo en Uruguay surgieron en los últimos diez años una veintena de nuevas profesiones. Esto significa que la educación debe ser capaz de preparar a los niños y adolescentes para lo desconocido.

Debido a esto es que en las aulas deben desarrollarse ciertas habilidades personales, que serán cada vez más valoradas en comparación con los conocimientos académicos. La adquisición de capacidades como trabajar en equipo, innovar o la resiliencia serán más importantes que saber el enunciado de la segunda ley de Newton. Esto está lejos de querer generar una oposición entre una cosa y la otra, y de restar relevancia a aprenderse el enunciado de una ley física; sino que responde a lo que surge de la realidad, así lo indican los resultados de diversos estudios que se han hecho[1] por parte de varios actores y también lo reclaman docentes y estudiantes.

 

La educación toda debe asumir que hay que llevar adelante los cambios que este mundo requiere.Uno de esos cambios tiene que ver con los docentes, que son protagonistas principales. Los que están dando clase hoy en las aulas y los que se están preparando para hacerlo en el futuro. El énfasis en los planes de estudio de formación docente debería estar en que los profesores cuenten con las herramientas para que los estudiantes adquieran las habilidades que son necesarias para el mundo de hoy.

El Consejo de Formación en Educación tiene previsto comenzar a trabajar este mes en la malla curricular de los nuevos planes de estudio de sus carreras, para poder aplicarlos a partir del año que viene. Habrá que estar atentos al nuevo diseño de formación docente para observar dónde se ha puesto el acento.

Pero los docentes en servicio necesitan hoy mismo oportunidades de formación, ya que en este momento comparten con estudiantes que necesitan adquirir las habilidades de las que hablamos. Hay muchas limitaciones para participar de actividades de formación continua -superposición con horario laboral, falta de incentivos para invertir tiempo, accesibilidad de la oferta-. Hay que diseñar instancias de capacitación accesibles para todos, dentro del propio centro educativo donde el profesor trabaja, incluso pensar como incentivo la equiparación de la capacitación y actualización permanentes a la docencia no directa. Esta es una forma de jerarquizar la labor docente. Capacitarse es una actividad fuera de la relación directa enseñanza-aprendizaje, pero que redunda en una mejora de los aprendizajes. Como contrapartida el docente debería acreditar, ante la dirección del centro educativo, cómo esta formación y actualización redunda en la mejora de esos aprendizajes.

 

Por otro lado, hay algunas herramientas ya existentes que es necesario potenciar y ampliar: el Observatorio Socioemocional del INEEd, la Matriz de Riesgos y Oportunidades de Puestos Laborales del INEFOP y la Red Global de Aprendizajes. Desarrollaremos nuestras opiniones sobre esto en posteriores artículos.

[1] Jobs lost, jobs gained: What the future of work will mean for jobs, skills, and wages. McKinsey Global Institute 2017 → https://mck.co/2MXhNUQ

Informe sobre el estado de la Educación 2015 – 2016 (pág. 117). INEEd → https://bit.ly/2xxQlbJ

 

Nicolas Ortiz