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Bolsonaro y Lucas

Ayer salía de uno de los centros educativos donde trabajo y coincidió que Lucas, uno de mis estudiantes, salió conmigo. Yo había dejado el auto un poco lejos y casualmente tomamos el mismo camino dos cuadras conversando. La primera cuadra charlamos de lo usual: de los cursos, de su falta de tiempo para estudiar, de mi falta de tiempo para corregir, de lo que pensábamos hacer el año que viene.

Al arrancar la segunda cuadra me preguntó: “Profe, ¿usted qué opina de la elección de Bolsonaro?” Sin quererlo estaba frente a un chico de 17 años interesado por lo que ocurrió en Brasil. Soy de los que piensa que un docente debe construir valores y ciudadanía junto a los estudiantes, en todo momento y en cualquier circunstancia. Allí en ese momento fugaz debía ensayar una respuesta, generar un intercambio e intentar hacer eso.

– Mirá, – le dije – puede gustarnos o no un candidato y lo que representa. Puede gustarnos o no que ese candidato tenga muchos votos. Pero en una democracia, cuando los pueblos eligen, hay que respetar su decisión.

– Pero profe, – me interrumpió rápidamente – ¿a usted le parece bien un candidato que dice que es mejor matar que torturar, que es bueno que le peguen a los niños para que se hagan hombres, que dice que si tiene un hijo homosexual prefiere que se muera en un accidente y que defiende la pena de muerte?

– Pero pará Lucas… respetar la decisión de la gente no significa estar de acuerdo con todo eso. ¡Claro que no estoy de acuerdo! Pero esa misma democracia que permite que los Bolsonaro tengan 46% de votos, permite que un brasileño pueda gritar bien fuerte que está en contra de él y de lo que representa. Y hay que hacerlo. Es más, muchos te pueden decir que un uruguayo no tiene por qué opinar de lo que pasa en Brasil, y eso es un bolazo. Vos podés opinar de lo que quieras: de lo que pasa en Brasil, de Bolsonaro y del PT, de lo que pasa en Argentina, de Macri y de Cristina, de lo que pasa en Estados Unidos, de Trump, de lo que pasa en Venezuela y de Maduro.

– Algunos amigos me dicen que ponerse en contra de Bolsonaro, al final es estar a favor del PT, de Lula y de la corrupción. Eso me enoja. Yo no soy ningún tarado, sé lo que pasa, lo que hizo cada uno y lo que representa cada uno. Es como que todo fuera blanco o negro.

Terminando la segunda cuadra nos detuvimos en la esquina. Yo tenía que ir a la izquierda y Lucas seguir derecho.

– No te enojes con tus amigos. Explicales tu postura, deciles por qué no compartís lo que dice Bolsonaro y por qué no lo votarías. Deciles también por qué no votarías al PT. Y sobre todo tratá de contarles cuál es el candidato que sí votarías y cuáles son las ideas que sí te representan. Compartí con ellos cuáles son tus valores y tus ideales.

– ¿Y con eso qué logro? Ellos van a seguir pensando igual.

– Seguramente ellos compartan más contigo de lo que vos te imaginás. Si no hacés el intento capaz que siguen pensando igual. Y si no cambian de opinión, tendrás que respetarlos. Pero siempre es mejor hacer el intento.

Se encogió de hombros, no muy convencido. Ya en tono de despedida agregué:

– Una democracia y los valores que vos querés se construyen así, hablando con el otro. Los extremos se aniquilan si vos, yo y todos hacemos ese trabajo. Hablar con el otro. Nunca dejes de decir lo que pensás.

– Gracias profe – dijo un poco más esperanzado – Hago el intento y después le cuento.

Nos dijimos hasta mañana y nos fuimos.

No sé si Lucas va a estudiar Física para el escrito de la semana que viene. Pero sí estoy seguro que él y sus amigos serán capaces de construir en los próximos 30 años esa sociedad tolerante, amable y democrática que todos queremos.

Nicolás Ortiz