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Por una copa de más

La semana pasada salió en todos los medios que Lacalle Pou propone aumentar la restricción de 0 a 0,3 gramos de alcohol por litro de sangre para los conductores. En teoría la medida apunta a ayudar a las bodegas uruguayas que han sufrido un embate enorme de los vinos importados.

No queda claro por qué cree que esa copa que la gente podría empezar a tomar antes de ponerse al volante, pasaría a ser de vino nacional… ¿no podría suceder que la gente siga eligiendo el importado?

De todas formas, me puse a investigar un poco sobre los otros principales argumentos a favor de la propuesta.

1. En los países del primer mundo no rige el 0. Algunos ejemplos son Canadá, donde se permiten hasta 0,8 gramos de alcohol en sangre para manejar o España, donde el límite es 0,5 gramos y 0,3 para choferes profesionales, etc.

Creo que del primer mundo debemos imitar muchas cosas, pero las cosas en las que están mejores que nosotros. Justo ésta no parecería ser la más indicada para comenzar. Además, si nos queremos comparar con España, allá del total de fallecidos en accidentes de tránsito un 43% son porque un conductor alcoholizado los atropelló, mientras que en Uruguay esa tasa es del 13%.

2. Dos años después de haberse puesto en marcha «tolerancia 0» no bajaron las muertes en accidentes (aumentaron en 2017 y un 10% en el primer semestre de 2018).

Yo hace dos años que arranqué el gimnasio y no he adelgazado, incluso aumenté un poco de peso. ¿Esto quiere decir que ir al gimnasio no sirve? ¿No será que de no haber ido hubiese engordado aún más?

3. En el 93% de los accidentes la espirometría es 0, el grueso está en otras causas (error humano, celulares, mal manejo, mal estado de las rutas, etc.).

Que el grueso de los accidentes, con la regulación, está en otras causas es cierto. Sin embargo, los números pueden ser medio mentirosos ya que a los heridos graves y fallecidos no se les puede hacer el test, entonces no son tenidos en cuenta en esos porcentajes. Además, si nos queremos basar en estudios científicos de la medicina, de organismos expertos en políticas de alcohol y seguridad vial (UNASEV, Observatorio Iberoamericano de Seguridad Vial, Comisión Europea, Naciones Unidas, OMS) queda claro que la evidencia científica respalda el 0.
En principio la severidad tiene relación directa con la presencia de alcohol en el siniestro. En los siniestros fatales las espirometrías positivas se duplican. Por lo tanto, hay una relación directa entre la presencia de alcohol y el siniestro con resultado fatal. El porcentaje de espirometrías positivas en controles aleatorios en rutas nacionales representa la mitad que en siniestros de tránsito. Esto reafirma lo que decíamos anteriormente: cuando hay siniestros, el alcohol es porcentualmente mucho mayor que cuando no hay siniestro. También los números nos dicen que es la causa que deja más discapacitados anualmente: 1.200 uruguayos quedan con una secuela o traumatismo.

Otros estudios muestran evidencia que señala que de 0,1 gramos de alcohol por litro de sangre en adelante ya comienzan los efectos del alcohol y, por lo tanto, hay efectos en la conducción vehicular con la más mínima ingesta de alcohol.

En fin, los principales argumentos se caen por su propio peso. Si en cambio la propuesta hubiese sido con el objetivo de contemplar algunas excepciones y no perjudicar con una multa y suspensión a aquel que por descuido usó un enjuague bucal con alcohol, comido un bombón de licor o un «entrecot al vino tinto» parecería más razonable, ya que nos estaríamos basando en un principio de proporcionalidad y razonabilidad entre la falta y la sanción. Pero ni siquiera se utilizó esa razón, la razón fue permitir «la copita de vino».

Por otro lado, estoy de acuerdo con que hay que apoyar a las bodegas uruguayas ya que reconozco que el Uruguay es por sobre todas las cosas un país agropecuario, agroindustrial y agroexportador. Parece que esta medida no es la mejor. Hay otras propuestas que se podrían implementar. Por ejemplo:

1. Somos un país chico, tenemos que apuntar a mercados grandes: hay que cambiar drásticamente las políticas de inserción internacional para volver a colocar a Uruguay en el mundo beneficiándonos de pertenecer a la comunidad global. No es sólo grandes acuerdos comerciales, hay muchas cosas que se pueden hacer sin tener un TLC firmado. Tenemos que abrirnos al mundo, crear las condiciones para vender los productos uruguayos en el exterior. Por ejemplo, darle un perfil más comercial a las embajadas y redesplegar nuestra fuerza diplomática para que nos abran mercados en otros países. Hay que negociar con nuestros socios del Mercosur para que podamos hacer acuerdos con otros países sin tener su aprobación, y por medio de esos acuerdos poder ingresar nuestros productos en términos preferenciales. Que nosotros no firmemos acuerdos nos hace retroceder porque los demás países avanzan.

2. Tener un aparato productivo competitivo: hoy está postrado porque tiene unos sobrecostos gigantes que no le permiten producir con rentabilidad, logrando profesionalizar las empresas públicas se podría traducir en menores costos en las tarifas de luz, combustible, etc., para que nuestro principal sector pueda ser más competitivo.
Ya para terminar, tampoco queda claro por qué habiendo tantas cosas que preocupan más a la ciudadanía (temas sobre salud, educación, seguridad, seguridad social, empleo, etc.), se apuntan los dardos hacia un lugar donde no parecería que le aprieta el zapato al uruguayo. La gente (al menos la gran mayoría) se acostumbró al alcohol 0, no hay necesidad de modificarlo. La enorme mayoría ya se concientizó sobre el tema (aceptación social del problema) y ya si piensa salir y tomar busca mecanismos para no estar al volante: ómnibus, taxi, Uber, caminar, conductor designado, etc.

Hay que avanzar en este tema y no dejarnos llevar por la impresión personal sobre que una copita no afecta en nada; las impresiones personales pueden no condecir con lo que sucede en la realidad y con los estudios científicos.

Hector Cotelo